EL PADRE, VINCULO DEL HOGAR
Posición y Responsabilidades del Padre
Definición del esposo
El hogar es una institución proveniente de Dios. El ordenó que el círculo de la familia: el padre, la madre y los hijos, existiese en este mundo como una sociedad.
La obra de hacer feliz el hogar no incumbe sólo a la madre. El padre tiene un papel importante que desempeñar. El esposo es el vinculador de los tesoros del hogar, y por su afecto fuerte, fervoroso y consagrado une a los miembros de la familia, la madre y los hijos, con los lazos más resistentes.
Vi que son muy pocos los padres que se percatan de su responsabilidad [en lo que respecta a vincular los miembros de la familia unos con otros].
Es cabeza de la familia
El esposo y padre es cabeza de la familia. Es justo que la esposa busque en él amor, simpatía y ayuda para la educación de los hijos, pues son de él tanto como de ella, y él tiene tanto interés como ella en el bienestar de ellos. Los hijos buscan sostén y dirección en el padre, quien necesita tener un concepto correcto de la vida y de las influencias y compañías que han de rodear a su familia. Ante todo, debería ser dirigido por el amor y temor de Dios y por la enseñanza de la Palabra divina, para poder encaminar los pasos de sus hijos por la buena senda....
El padre debe hacer cuanto esté de su parte por la felicidad del hogar. Cualesquiera que sean los cuidados y las perplejidades que le ocasionen sus negocios, no debe permitir que arrojen sombra sobre su familia; debe volver siempre a casa con la sonrisa y buenas palabras en los labios.
Legislador y sacerdote
Todos los miembros de la familia giran alrededor del padre. Es el legislador y en su conducta viril ilustra las virtudes más austeras: la energía, la integridad, la honradez, la paciencia, el valor, la diligencia y la utilidad práctica. El padre es en un sentido el sacerdote de la familia, que dispone sobre el altar de Dios el sacrificio matutino y vespertino. La esposa y los hijos deben ser alentados a participar en esta ofrenda y también en el canto de alabanza. A la mañana y a la noche, el padre, como sacerdote de la casa, debe confesar a Dios los pecados cometidos durante el día por él mismo y por sus hijos. Los pecados de los cuales ha tenido conocimiento y también los que permanecen secretos, que sólo vio el ojo divino, deben ser confesados. Esta norma, celosamente observada por el padre cuando está presente, o por la madre cuando él está ausente, resultará en bendiciones para la familia.
En su familia, el padre representa al Legislador divino. Colabora con Dios cumpliendo los misericordiosos designios de él, afirmando a sus hijos en los principios justos, y habilitándolos para desarrollar un carácter puro y virtuoso, porque se anticipó a ocupar el alma con lo que habilitará a sus hijos para rendir obediencia no sólo a su padre terrenal sino también al celestial.
El padre no debe traicionar su cometido sagrado. En ningún punto debe renunciar a su autoridad paterna.
Debe andar con Dios
El padre. . . ligará a sus hijos con el trono de Dios por una fe viva. Desconfiando de su propia fuerza, entrega a Jesús su alma desamparada y traba de la fortaleza del Altísimo. Hermanos, orad en casa, en vuestra familia, a la mañana y a la noche. Orad fervorosamente en vuestra cámara; y mientras os dedicáis a vuestra labor diaria, elevad vuestra alma a Dios en oración. Así fue como Enoc anduvo con Dios. La plegaria silenciosa y ferviente del alma se elevará al trono de gracia como santo incienso y será tan aceptable para Dios como si fuese ofrecida en el santuario. Para todos los que le busquen, Cristo llega a ser una ayuda oportuna en tiempo de necesidad. Serán fuertes en el día de la prueba.
Requiere madurez y experiencia
El padre no debe ser como un niño, al que mueven los impulsos. Está ligado a su familia por lazos sagrados y santos.
Lo que será su influencia en el hogar será determinado por su conocimiento del único Dios verdadero y de Jesucristo a quien envió. "Cuando yo era niño -dice Pablo,- hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre hecho, dejé lo que era de niño." El padre debe destacarse a la cabeza de su familia, no como un niño crecido, pero indisciplinado, sino como un hombre de carácter viril, que domina sus pasiones. Debe obtener educación en una moral correcta. Su conducta en la vida familiar debe ser dirigida y refrenada por los principios puros de la Palabra de Dios. Entonces crecerá hasta alcanzar la plena estatura de hombre en Cristo Jesús.
Sométase a la voluntad de Dios
A un hombre que es esposo y padre, yo diría: Asegúrese de que rodea su alma una atmósfera pura y santa.... Debe aprender diariamente de Cristo. Nunca ha de manifestar un espíritu tiránico en el hogar. El hombre que lo hace obra asociado con agentes satánicos. Someta su voluntad a la de Dios. Haga cuanto pueda para que la vida de su esposa sea placentera y feliz. Haga de la Palabra de Dios su consejera. Viva en el hogar de acuerdo con las enseñanzas de ella. Entonces vivirá así en la iglesia y llevará estas enseñanzas consigo al lugar donde trabaja. Los principios del cielo ennoblecerán todas sus transacciones. Los ángeles de Dios cooperarán con Vd. y le ayudarán a revelar a Cristo ante el mundo.
Oración apropiada para un esposo de genio vivo
No permita Vd. que los vejámenes de sus negocios ensombrezcan su vida en el hogar. Si al ocurrir casitas que no son exactamente como Vd. piensa que debieran ser, no sabe manifestar paciencia, longanimidad, bondad y amor, demuestra que no escogió por compañero a Aquel que tanto le amó que dio su vida por Vd., para que pudiese ser uno con él.
En la vida diaria tropezará con sorpresas repentinas, chascos y tentaciones. ¿Qué dice la Palabra ? "Resistid al diablo," confiando firmemente en Dios, "y de vosotros huirá." "Echen mano ... de mi fortaleza, y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!" Mire a Jesús en todo momento y lugar, elevando una oración silenciosa y con corazón sincero para que pueda saber cómo hacer su voluntad. Entonces, cuando venga el enemigo como avenida de aguas el Espíritu del Señor levantará bandera en favor de Vd. contra ese enemigo. Cuando esté a punto de ceder, de perder la paciencia y el dominio propio y manifestar un espíritu duro y condenatorio, dispuesto a censurar y acusar, será el momento de elevar al cielo esta oración: "¡Ayúdame, oh Dios, a resistir la tentación, a desechar de mi corazón toda amargura, ira y maledicencia! Dame tu mansedumbre, tu humildad, tu longanimidad y tu amor. No me dejes deshonrar a mi Redentor, ni interpretar mal las palabras y los motivos de mi esposa, de mis hijos y de mis hermanos y hermanas en la fe. Ayúdame a ser bondadoso, compasivo, de corazón tierno y perdonador. Ayúdame a ser verdadero vinculador de mi hogar y a representar el carácter de Cristo ante los demás."
Ejerza su autoridad con humildad
No evidencia virilidad el esposo espaciándose constantemente en su puesto como cabeza de la familia. No aumenta el respeto hacia él cuando se le oye citar la Escritura para apoyar sus derechos a ejercer autoridad. No le hará más viril el requerir de su esposa, la madre de sus hijos, que actúe de acuerdo con los planes de él como si fuesen infalibles. El Señor ha constituido al esposo como cabeza de la esposa para que la proteja; él es el vinculo de la familia, el que une sus miembros, así como Cristo es cabeza de la iglesia y Salvador del cuerpo místico. Todo esposo que asevera amar a Dios debe estudiar cuidadosamente lo que Dios requiere de él en el puesto que ocupa. La autoridad de Cristo se ejerce con sabiduría, con toda bondad y amabilidad; así también ejerza su poder el esposo e imite la gran Cabeza de la iglesia.
Deben Compartirse las Cargas
El deber del padre no puede delegarse
El deber del padre hacia sus hijos no puede delegarse a la esposa. Si ella cumple su propio deber, tiene bastante carga que llevar. Únicamente si obran de concierto pueden el padre y la madre cumplir la obra que Dios confió a sus manos.
El padre no debe excusarse de hacer su parte en la obra de educar a sus hijos para esta vida y para la inmortalidad. Debe compartir la responsabilidad. Tanto el padre como la madre tienen obligaciones. Los padres han de manifestarse mutuamente amor y respeto, si quieren ver estas cualidades desarrollarse en sus hijos.
Con miradas animosas y buenas palabras, el padre debe alentar y sostener a la madre en su obra y sus cuidados.
Procure ayudar a su esposa en el conflicto que la espera. Vele sobre sus palabras, cultive el refinamiento de los modales, la cortesía y amabilidad, y será recompensado por ello.
Su tierno ministerio alivia la carga de la madre
Cualquiera que sea la vocación del padre y cualesquiera que sean sus perplejidades, debe él conservar en su casa el mismo rostro sonriente y tono placentero con que saludó todo el día a los visitantes y a los extraños. Sienta la esposa que puede apoyarse en los amplios afectos de su esposo, que los brazos de él la fortalecerán y sostendrán en todos sus afanes y cuidados, que su influencia apoyará la de ella, y su carga perderá la mitad de su peso. ¿Acaso no son los hijos tanto de él como de ella?
Es posible que la esposa asuma cargas a las cuales atribuya mayor importancia que al deber de ayudar a su esposo en el desempeño de su parte de la responsabilidad; y lo mismo se aplica al esposo. Los servicios tiernos son de valor. El esposo tiende a sentirse libre para salir y entrar en su hogar como huésped más bien que como vinculador del círculo familiar.
Los deberes domésticos son sagrados e importantes; sin embargo a menudo adolecen de una monotonía cansadora. Los incontables cuidados y perplejidades se vuelven irritantes cuando faltan la variedad y el alegre solaz que con frecuencia el esposo y padre podría concederle a ella si así lo decidiera, o más bien si considerase necesario o deseable hacerlo. La vida de la madre mientras cumple las tareas más humildes de la casa es una vida de abnegación incesante, y se agrava aún más si el esposo no aprecia las dificultades de su situación ni le da su apoyo.
Sea considerado con una esposa débil
El esposo debe manifestar gran interés en su familia. Debe ser especialmente cuidadoso de los sentimientos de una esposa débil. Puede evitarle muchas enfermedades. Las palabras bondadosas, alegres y alentadoras resultarán mucho más eficaces que las medicinas más poderosas. Infundirán ánimo en el corazón de la abatida y desanimada esposa, y la alegría infundida a la familia por los actos y las palabras de bondad, recompensarán diez veces el esfuerzo hecho. El esposo debiera recordar que gran parte de la carga de educar a sus hijos recae sobre la madre, y que ella ejerce una gran influencia para modelar sus mentes. Esto debe inducirle a manifestar los sentimientos más tiernos, y a aliviar con solicitud sus cargas. Debe alentarla a apoyarse en su afecto, y a dirigir sus pensamientos hacia el cielo, donde hay fuerza, paz y descanso final para los cansados. No debe volver a la casa con la frente ceñuda, sino que su presencia debiera brindar alegría a la familia y estimular a la esposa a mirar hacia arriba y creer en Dios. Unidos, pueden aferrarse a las promesas de Dios y atraer su rica bendición sobre la familia
Conduce con dulzura
Más de un marido y padre podría sacar provechosa lección del solicito cuidado del fiel pastor. Jacob, al verse instado a emprender difícil y apurada caminata, contestó:
"Los niños son tiernos, ... tengo ovejas y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas.... Me iré poco a poco al paso de la hacienda que va delante de mí, y al paso de los niños."
En el camino penoso de la vida sepa el marido y padre ir "poco a poco" al paso en que pueda seguirle su compañera de viaje. En medio del gentío que corre locamente tras el dinero y el poder, aprenda el esposo y padre a medir sus pasos, a confortar y a sostener al ser humano llamado a andar junto a él....
Ayude el marido a su esposa con su simpatía y cariño constante. Si quiere que se conserve lozana y alegre, de modo que sea como un rayo de sol en la familia, ayúdele a llevar sus cargas. La bondad y la amable cortesía que le demuestre serán para ella un precioso aliento, y la felicidad que sepa comunicarle allegará gozo y paz a su propio corazón...
Si la madre se ve privada del cuidado y de las comodidades que merece, si se le permite que agote sus fuerzas con el recargo de trabajo o con las congojas y tristezas, sus hijos se verán a su vez privados de la fuerza vital, de la flexibilidad mental y del espíritu siempre alegre que hubieran debido heredar. Mucho mejor será alegrar animosamente la vida de la madre, evitarle la penuria, el trabajo cansador y los cuidados deprimentes, a fin de conseguir que los hijos hereden una buena constitución, que les permita pelear las batallas de la vida con sus propias fuerzas.
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